26 septiembre, 2021
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Patrimonio Cultural: Abre sus puertas el mítico chalet de la 9 de Julio

A casi 100 años de su construcción, la casita conserva su esplendor, aunque, tras la pandemia, el edificio que la alberga tiene el 60% de sus oficinas desocupadas. Desde el 2014 es patrimonio cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La casita está ubicada en pleno microcentro porteño, en lo más alto de un edificio, muy cerca del Obelisco. Se construyó en el año 1926 en la terraza de la mítica mueblería Díaz, para que su dueño descansara (durmiera la siesta) y volviera a atender al público por la tarde sin tener que viajar a Banfield donde tenía su vivienda. Allí funcionó Radio Díaz, que luego pasó a ser Radio Rivadavia.

Diego Sethson, el bisnieto del inmigrante español Rafael Díaz, que cumplió el sueño de tener la insólita casita en las alturas, cuenta que le gustaría “convertir en un centro cultural o un lugar para que la gente lo pueda disfrutar”

Se trata de una casa de estilo normando de dos plantas y altillo. “Rafael era un amante de Mar del Plata y se inspiró en los chalets de esa ciudad para realizar su casita en el cielo de Buenos Aires con el mismo estilo”, explica Sethson. Pero más allá de lo arquitectónico, el chalecito esconde la historia de superación de un hombre que llegó a la Argentina a comienzos del siglo XX.

Su bisabuelo, Rafael Díaz, vino a la Argentina en barco desde su país natal, España, a comienzos del siglo XX como cientos de miles de inmigrantes europeos de esa época. “Vino con una mano atrás y otra adelante, como se suele decir. Enseguida se metió en el negocio de las telas primero. Y se dio cuenta que era bueno para las ventas”.

Según cuenta Sethson, Rafael fue ascendiendo en el negocio hasta que pasó a trabajar en mueblerías. “En la primera que trabajó triplicó las ventas del lugar. Entonces decidió abrir su propia fábrica. Ahí nace Muebles Díaz y arranca su camino”.

La palabra emprendedor en aquella época no se utilizaba como en el contexto actual, pero Diego explica esa cualidad en su familiar: “Mi bisabuelo era un precursor del marketing. Llegó a tener una radio con música, llamada LOK Radio Mueblería Díaz, que luego se convertiría años después en Radio Rivadavia.” Y entusiasmado, continúa “Así construyó el edificio de 8 pisos en la calle Cuyo, hoy Sarmiento, que en ese momento era el lugar donde había muchas mueblerías”.

De esta manera, con mucha perseverancia y adicción al trabajo, con atención personalizada, muebles de calidad y crédito a sola firma; Díaz armó un shopping de 8 pisos. Pero en aquella época tardaba muchísimo en volver a su casa de Banfield. Fue ahí que decidió construir el chalet en el último piso para poder almorzar y dormir la siesta cerca de su oficina. “También aprovechaba el espacio para estar con sus hijos y ayudarlos a estudiar, según me contaba mi abuelo”, explica Sethson.

Al ingresar al chalet, lo primero que se ve al entrar al chalet es un retrato de Rafael Díaz y la inscripción “Mueblería Díaz, casa de confianza” que marca que estos eran sus dominios cerca del cielo de Buenos Aires. Son 200 metros repartidos en dos plantas y un altillo que desde 2014 fueron declarados patrimonio de la Ciudad. Apenas bajar del ascensor se destacan los pisos originales de pinotea intactos como los pidió Díaz en el momento de la construcción. También quedan objetos de la vida cotidiana del inmigrante, como mesas o aparadores que eran de su propia creación. “Eso te demuestra la calidad de lo que se fabricaba. Hay aparadores y mesas con un trabajo y una madera que hoy no se consigue”, relata Sethson.

El entusiasmo del bisnieto de Díaz va por más y lanzó una campaña en sus redes sociales para conectarse con los antiguos clientes de la mueblería. “Entre los que me escriban con fotos de los objetos que se hacían en Mueblería Díaz voy a abrirles el chalet para que hagan una visita. Pueden escribirme a mi Instagram (@puntoceroproduccionesok)”.

La fisonomía de la vivienda en algunos aspectos mantiene el aspecto original; quedan algunas arañas de principios de siglo y todos los pisos originales de cerámica en el primer piso y en el altillo. Al estar construida sobre un edificio de ocho pisos, y en el centro neurálgico de la Ciudad, la casa tiene una vista descomunal: “Desde los cuatro lados del chalet tenés vistas impresionantes del centro porteño –relata Sethson-. Por ejemplo el edificio Barolo y el Congreso desde un sector o estar a la altura del Obelisco desde otra ventana. Mi bisabuelo vio crecer Buenos Aires desde su chalet”.

Si la casa es de por sí llamativa, que mantenga componentes desde su construcción, la hacen aún más pintoresca; las puertas, las ventanas y las escaleras también son originales y muestran la sencillez con la que pensó Rafael Díaz su lugar de descanso antes de volver al trabajo. Los recuerdos al dueño de la vivienda se encuentran en todas las habitaciones con objetos como máquinas de escribir -innovador en las oficinas de principios de siglo XX- hasta un cuadro de la cuchara de albañil que se usó para construir el chalet en 1926.

Casi 100 años de historia

En el contexto actual, Sethson busca torcer el destino del chalet y todo el edificio. La mueblería Díaz cerró en 1985 y desde ese momento la familia alquiló los 8 pisos de oficinas en pleno microcentro porteño. Pero la pandemia modificó esa situación y hoy está desocupado el 60% del edificio. “Estamos con un proyecto para reconvertir las oficinas en distintas opciones que incluyan propuestas culturales –cuenta Sethson-. Esto puede incluir desde albergues estudiantiles hasta salas de conferencias que mantengan la estructura de los estudios de radio que fundó mi bisabuelo en 1929”.

En torno a los cambios, al ser muchos accionistas la decisión no será sencilla. «Todavía, hay muchos familiares que conocieron a Rafael que no quieren desprenderse. No quieren perder ese significado de raíz», cuenta Diego y agrega «Lo que buscamos la mayoría de los accionistas es buscar potenciales clientes interesados en la totalidad del edificio. El chalet le da un valor histórico: es la única casa construida arriba de un edificio”. Aseguran que escuchan ofertas y el valor que puede tener toda la propiedad es de cerca de 8 millones de dólares.

Al bisnieto de Díaz le interesa que el chalet esté ligado a la cultura: “Puede ser un espacio para presentaciones, exposición de obras de arte y hasta para espectáculos de tango en sus pisos de pinotea originales –relata-. A esto se le puede agregar algún sector de gastronomía para explotar la vista de la terraza y visitas guiadas para contar la historia”. Para todo eso, Sethson explica que es necesaria una inversión para poder hacerlo cumpliendo todos los protocolos que ahora impone la pandemia de coronavirus.

El chalet más alto de Buenos Aires busca reincorporarse en la escena porteña y perdurar observando los cambios de la ciudad a su alrededor. 

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